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Papa Francisco condena el terrorismo: Nunca matar en nombre de Dios

Publicado el 2017-01-09

El Papa Francisco condenó el uso del nombre de Dios por parte de los terroristas y alentó a los líderes del mundo a hacer frente a esta “locura homicida”. Así lo indicó el Pontífice ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede al comienzo del nuevo año 2017 en su tradicional discurso sobre el estado del mundo.


Papa Francisco condena el terrorismo: Nunca matar en nombre de Dios

Representantes diplomáticos de los 128 Estados con relaciones diplomáticas con la Santa Sede, se reunieron con el Pontífice en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano.

El Santo Padre dedicó su discurso dirigido a los embajadores a reflexionar sobre el tema de la seguridad y la paz.

El Papa recordó que, cien años después de la Primera Guerra Mundial, “muchas zonas del mundo pueden decir que se han beneficiado de prolongados períodos de paz”. Sin embargo, al mismo tiempo, “millones de personas viven hoy en medio de conflictos insensatos”.

El Papa recordó y lamentó las situaciones de violencia, guerra, hambre y desestabilidad en diferentes partes del planeta, en concreto habló de Siria, Irak, Yemen, Libia, Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana, Myanmar, o República Democrática del Congo, países azotados por guerras y violencias sectarias.

También pidió abrir caminos de diálogo en Venezuela para hacer frente a la crisis política, social y económica que afecta a la población, y un nuevo esfuerzo para que se reanude el diálogo entre israelíes y palestinos.

Para el Pontífice, es prioritario un mayor esfuerzo en el control del tráfico de armas, responsable de muchos de los conflictos que azotan a la población mundial.

Al mismo tiempo, reconoció los importantes pasos hacia la reconciliación que se han dado en otros lugares del planeta. En concreto citó el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, o los esfuerzos para poner fin al conflicto que desde hace años golpea a Colombia.

Condena al terrorismo

El Papa Francisco condenó la utilización del nombre de Dios para justificar la violencia y el asesinato: “se trata de una locura homicida que usa el nombre de Dios para sembrar muerte, intentando afirmar una voluntad de dominio y de poder”.

Afirmó que “para los cristianos, la paz es un don del Señor”, y manifestó “la viva convicción de que toda expresión religiosa está llamada a promover la paz”.

El Pontífice lamentó la utilización que algunos grupos terroristas hacen del sentimiento religioso para extender sus objetivos criminales: “desgraciadamente, somos conscientes de que todavía hoy, la experiencia religiosa, en lugar de abrirnos a los demás, puede ser utilizada a veces como pretexto para cerrazones, marginaciones y violencias. Me refiero en particular al terrorismo de matriz fundamentalista, que en el año pasado ha segado la vida de numerosas víctimas en todo el mundo”.

En este contexto, el Santo Padre realizó un llamado concreto a todas las autoridades religiosas del mundo, “para que unidos reafirmen con fuerza que nunca se puede matar en nombre de Dios”.

Además, añadió: “El terrorismo fundamentalista es fruto de una grave miseria espiritual, vinculada también a menudo a una considerable pobreza social. Sólo podrá ser plenamente vencido con la acción común de los líderes religiosos y políticos”.

Migrantes y refugiados

Por otra parte, llamó a una cultura de misericordia que favorezca un mayor compromiso con los que se ven obligados a huir de sus hogares: “No se puede de ningún modo reducir la actual crisis dramática a un simple recuento numérico. Los inmigrantes son personas con nombres, historias y familias”.

“Es necesario un compromiso común en favor de los inmigrantes, los refugiados y los desplazados, que haga posible el darles una acogida digna”. El Papa recordó el derecho de cada hombre a emigrar, pero también la importancia de que los inmigrantes se integren “en los tejidos sociales en los que se insertan, sin que éstos sientan amenazada su seguridad, su identidad cultural y sus propios equilibrios políticos y sociales”.

“Los mismos inmigrantes no deben olvidar que tienen el deber de respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que los acogen”, indicó.

El Obispo de Roma llamó a una mayor implicación de la comunidad internacional en la solución de la crisis migratoria, porque “el problema de la inmigración es un tema que no puede dejar indiferentes a algunos países mientras que otros sobrellevan, a menudo con un esfuerzo considerable y graves dificultades, el compromiso humanitario de hacer frente a una emergencia que no parece tener fin. Todos deberían sentirse constructores y corresponsables del bien común internacional”.

En concreto, tuvo palabras de agradecimiento para Italia, Alemania, Grecia y Suecia por su generosa acogida de los refugiados, sin olvidar a otros países Europeos, o de Oriente Medio, como Líbano, Jordania y Turquía.

Infancia

Otro punto destacado por el Papa en su discurso fue el de la infancia y los jóvenes. El Pontífice exhortó a reducir la pobreza que afecta, de forma especial a los niños, muchos de los cuales “aún sufren por causa de una pobreza endémica y viven en situaciones de inseguridad alimentaria, más bien de hambre”.

Denunció la ávida explotación de los recursos naturales por parte de unos pocos, “desperdiciándose cada día enormes cantidades de alimentos” e hizo hincapié en la obligación que tienen las autoridades públicas de estimular y fomentar el desarrollo “creando las condiciones para una distribución más equitativa de los recursos e incentivando oportunidades de trabajo, sobre todo para los más jóvenes”.

“Los niños y los jóvenes son el futuro, se trabaja y se construye para ellos. No podemos descuidarlos y olvidarlos egoístamente”.

Por esta razón, prosiguió, “como he advertido recientemente en una carta enviada a todos los obispos, considero prioritaria la defensa de los niños, cuya inocencia ha sido frecuentemente rota bajo el peso de la explotación, del trabajo clandestino y esclavo, de la prostitución o de los abusos de los adultos, de los pandilleros y de los mercaderes de muerte”.

Francisco tuvo unas palabras de recuerdo para “los chicos y chicas que sufren las consecuencias del terrible conflicto en Siria, privados de la alegría de la infancia y de la juventud: desde la posibilidad de jugar libremente a la oportunidad de ir a la escuela. A ellos, y a todo el querido pueblo sirio, dirijo constantemente mi pensamiento”.

Paz: don, desafío y compromiso

En su discurso, el Santo Padre resaltó que “la paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla”.

“No existe, por tanto, la verdadera paz si no se parte de una visión del hombre que sepa promover su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dignidad trascendente, ya que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz», como recordaba el Beato Pablo VI. Por tanto, este es mi deseo para el próximo año: que crezcan en nuestros países y sus pueblos las oportunidades para trabajar juntos y construir una paz verdadera”.

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